Mini historia — “El Elefante que Encontró la Risa”

En lo más profundo de la sabana africana vivía un joven elefante llamado Mavu.

Había recorrido tierras secas durante días, siguiendo el olor del viento y las historias que contaban los pájaros:

“Más allá de las colinas doradas hay un lugar donde el agua canta.”

Cansado pero decidido, Mavu siguió adelante hasta que el sol comenzó a teñir el cielo de naranjas y rojos. Entonces, entre dos montículos cubiertos de hierba verde, escuchó un murmullo.

Era un sonido suave, transparente… como si la tierra respirara.

Cuando llegó, vio el pequeño lago.

El agua brillaba como un espejo azul.

Mavu no lo pensó dos veces: metió su pata, luego otra, y cuando sintió la frescura subir por su piel, levantó la trompa al cielo y soltó un grito que no era un rugido, ni un bramido…

Era una risa.

Una risa tan pura que las aves dejaron de volar para escucharlo.

Chapoteó, salpicó, giró sobre sí mismo.

Por un instante, olvidó las distancias recorridas, el cansancio y el calor.

Solo existía él, el agua y el cielo.

Los ancianos de la sabana dicen que, desde aquel día, cada vez que un elefante levanta la trompa para celebrar, la sabana sonríe con él.

Y que Mavu, el elefante feliz, dejó allí un mensaje para quien lo mire:

“La felicidad también es agua fresca: cuando la encuentres, bébela sin miedo.”

El elefante feliz